Ven – dijo el conejo –, pero tráete un mondadientes

Hace un tiempo, el Lémur asilvestrado que trabaja en esta Fauna, me recomendó ver Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979), una película que al parecer, él tiene en muy alta estima. Así que dedicadle a él una ovación que celebre que una crítica partidista e impopular sea colgada en la red a la espera de los consiguientes abucheos y consternaciones que la dudable legitimidad de la libertad de expresión – en lo referente a la lectura del arte – provoca.

A modo de carta de perdón para Lémur Libidinoso y para dejar de excusarme cuanto antes, toda justificación por mi poca predisposición a la hora de cumplir en encargo quedará embutida en el siguiente párrafo: sentía una pereza enorme, bien por los recuerdos borrosos e ilegibles de la infancia – tengo la firme convicción de que he visto ciertas películas fuera de edad recomendada, gracias dudosa ética de la programación televisiva de los 90 y precario control parental –, bien por mi prejuicio personal e intransferible contra los casposos éxitos audiovisuales de testosterona dominante – podéis molerme a hostias, mi odio hacia los clásicos no ha hecho más que asomar la cabeza, y lo mismo va por mi verborrea desordenada y faltona –.

¿Qué hace Night Owl viendo Apocalypse Now, un clásico norteamericano del año 79 en el que todo personaje femenino se reduce a conejitas playboy y una viuda francesa con dudoso control de su libido? Bien, todo empezó con una costumbre que… realmente no tengo muy claro cuándo empezó. El caso es que, según esta tradición, Lémur y yo nos cruzamos recomendaciones que, estamos casi seguros, el otro no vería en su sano juicio. Para que nos entendamos, él ha tenido que ver Domino (2005), y yo he tenido que tragarme Senderos de Gloria (1957) – abucheos académicos a mí, gracias –. Supongo que partimos de la idea de que, de todo se aprende algo.

¿Y por qué toda esta aclaración? Puede que sea una excusa que respalde el exagerado tono personal de la siguiente “crítica”. Suelo tomarme las recomendaciones de Lémur como una carta blanca para darle caña a sus arcaicos y rancios gustos.

Es importante empezar por agradecerle que me sometiese a esta reflexión explícita e ineludible sobre “el horror” de las intervenciones políticas que se amparan en los principios de “interés y bienestar nacional” de unos para otros. Porque es sabido por todos que el uno siempre sabe qué es lo mejor para el otro, sobre todo si ese uno es Estados Unidos y ese otro un potencial modelo exitoso de desarrollo económico y social para el Tercer Mundo. Y, además, ¿qué hay de lo gentil de tan agria reflexión? Precioso, lo agradezco, de verdad, ha sido como masticar tierra durante la última hora del metraje, enriquecedor, ilustrativo y con posibles secuelas posteriores en forma de malestar físico y espiritual. En esencia, aquello que toda gran experiencia incorpora.

Y ahora, palabras un poco más amables. Sí, obra maestra, lo reconozco, ¿contento? No es preciso apuntar, o sí, que mi único conocimiento en términos cinematográficos sobre la guerra de Vietnam también se produjo a una edad temprana, y provino además de otro filme ampliamente premiado, aunque a mi parecer desmesuradamente mitificado: Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994).

Está claro que Zemeckis no trataba de retratar la brutalidad de la guerra, al menos no como la esencia cruda de su película, pero su visión sí que me sirve para tratar de explicar dónde encuentro la maestría y singularidad de Coppola. Lo cierto es que se podrían citar un sinfín de películas bélicas, muchas de ellas consideradas también aciertos cinematográficos por el gran público, y aún así dudo que alguna se acercase a lo que Apocalypse Now recrea.

Coppola logra situar al ser humano en el centro del horror, y a la vez alejarse del mismo sin hacerlo propiamente, en un descenso a la locura humana, analogía directa con el ascenso del río que guía la película – y esta frase es un claro ejemplo de lo bien y de lo mal que me explicaré muchas veces –.

vlcsnap-00008
“Cuando todo el mundo está loco, estar cuerdo es una locura”

Solamente por el esfuerzo de estar conociéndonos, trataré de explicarlo de otra manera. Dibujemos en nuestra mente al ser humano en el centro del horror y al foco de Coppola iluminándolo, pero solo a él, al ser humano – un efecto “habitación oscura” semejante al de Jonathan Glazer en Under the Skin o a la más reciente Stranger Things – de modo que el foco de Coppola no toca el horror, y sin embargo somos capaces de verlo, consigue iluminarlo sin iluminarlo, ¿por qué? quizás porque el horror que ilumina, o el que vemos, es precisamente el que está en el ser humano. Y hasta aquí mis osadas suposiciones sobre los maestros del séptimo arte del siglo XX.

El ascenso por el río, esto es, el descenso al horror, no es un viaje sencillo ni mucho menos apacible, y aún así, del mismo modo en que entiendo la peculiaridad y la fortaleza de la película en su planteamiento visceral, sigo sin considerarla una película para todos los públicos – joder vaya pedazo de obviedad te acabas de marcar ¿no? Sí, vale, gracias, pero sigo considerando importante señalar la capacidad de identificar películas extraordinarias con las que nosotros la fauna cinéfila, aún con nuestra ansia audiovisual, no conseguimos conectar –.

Es posible que apreciar Apocalypse Now en toda su esencia dependería, hasta cierto punto, no solamente de encontrar algo interesante en el estudio de un autocondescendiente descenso a la locura humana, sino además, de emprender realmente el intrincado sendero de Coppola nos propone.

El último tercio de la película depende por completo de la capacidad del director de conseguir que su espectador se decida a caer por el hueco de la madriguera del conejo. Y, aun tan interesante como considero la hostia contra el centro del núcleo terrestre, no me sentí inclinada a saltar.

vlcsnap-00010
Asomaos a la madriguera del conejo, niños, no tengáis miedo, no muerde.

Pero al margen de esta insolente y arbitraria interpretación – suerte que internet es “gratis” y la libertad de expresión sigue en pie mientras no hables, a grandes rasgos, de Al-Qaeda, ETA, ambas, Obama, el derrocamiento de la monarquía o la iglesia católica y la dudosa integridad de sus “recatadas” relaciones con algunos de las estratos más bajos de la pirámide demográfica –, ¿dónde está mi crítica? Bueno, Lémur Libidinoso, supongo que simple y llanamente Apocalypse Now no es precisamente lo que yo llamaría mi tono de grises.

Lo entiendo. Entiendo la necesidad de contar lo que pasa cuando le das armas a los niños – y por niños entendemos seres humanos, y por armas entendemos el derecho de creernos dioses – y también admiro la manera en que se ha retratado, pero lo cierto es que no es una historia que me incite a estar pegada durante 3 horas a la pantalla – gracias por sugerir/imponer la versión Redux con 49 minutos más –, al menos no con la suficiente atención como para conseguir que el torbellino de ácido de la última media hora penetre realmente en mi cerebro.

De modo que, Lémur , vale, Apocalypse Now es una obra maestra, pero también es tragar tierra. Sin duda, maestría tiene que ser conseguir que el gran público trague tierra durante 3 horas y te aplauda al final, puesto que, hipocresías a parte, es un planteamiento jodidamente retórico cuestionarse ¿qué porcentaje, de los 320 millones de americanos – por poco representativos que resulten de la rectitud humana y moral, o simplemente de la capacidad reflexiva y analítica –, consideramos realmente capaz de asimilar Apocalypse Now en su esencia más pura? La película de Coppola es un iceberg, y el director consigue que, aún aquellos que nos sumergimos a pulmón, podamos distinguir su monstruosa belleza.

Lo dicho, perlita cinematográfica enterrada bajo mi incapacidad de saltar al agujero detrás del conejo con el reloj – o, retomando la “metáfora Titanic”, siento mucho no tener oxígeno suficiente para volver a la superficie – pero, oye, que al menos no es una historia sobre un negro de Nueva Jersey que se cree un samurái y trabaja como sicario para la mafia.

Apuntes reseñables que sin duda habrían salido en la conversación de cafetería con Lémur:

  • Es cierto que no ha sido tan insufrible como en otras ocasiones, pero sí que me ha dolido el papel femenino como el oasis de satisfacción para el hombre aún en pleno conflicto armado. Y lo jodido de todo esto es lo acertado de la afirmación de Coppola, por supuesto los temas políticos y trascendentales para la estampa internacional no eran para las mujeres, ellas tan sólo se paseaban por allí, en botas de cowboy o con senos firmes y carnosos tras mosquiteras sedosas y embelesadoras.
  • Night Owl patrocina deberes bélicos: Si te ha gustado la tierra, prueba a leer Trampa 22, es más como masticar sacarina agria.

Night Owl

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s