Un desierto, gasolina y dobles de acción. Mad Max: Fury Road.

ATENCIÓN: ESTE TEXTO PUEDE CONTENER CONTRADICCIONES, DICCIONES PECULIARES, DESORIENTACIONES VARIAS Y TRAZAS DE PESCADO.

Quizá fue ese cartel de colores saturados y la cabeza rapada de Charlize Theron haciendo sombra al protagonista. Quizá fue el empeño de Night Owl y sus aspavientos al describirla, intentando que no decidiera llevarle la contraria (no lo hago tanto, lo juro, es un bicho exagerado, bueno, igual un poco). No sé exactamente qué me hizo alquilar Mad Max: Fury Road (sí, alquilar ¿vale? Me gusta nadar en aguas tradicionales), pero lo que no me habría imaginado nunca era que una historia de acción me fuera a gustar precisamente por eso, por su acción.

No tengo intención de profundizar en un análisis de guion o en la sorpresa que supuso que un personaje femenino fuerte y con personalidad estuviera escrito para pasarle por encima al ya conocido Max de la saga del mismo director. Poco queda ya del policía encarnado por un joven Mel Gibson a finales de los 70 y de su mundo de motoristas. Pero sí me gustaría remarcar el hecho de haber encontrado una película de acción que es de mi agrado, ya que, normalmente, cuantas más explosiones y coches dando vueltas de campana haya en ellas, menos me interesan.   Soy un pez, y el hecho de serlo me hace comer pescado. Sin embargo, Mad Max no hizo más que sorprenderme con sus explosiones y su velocidad, y más me sorprendió aún que fueran precisamente esos elementos los que mantuvieran mi atención. Al final parece que al pez le gusta la carne.

Vamos a rodar una película de acción, dijo George Miller, ¿y qué vamos a necesitar? Pues un desierto en Namibia; dieciocho diseños de vehículos originales diferentes; especialistas para dar y tomar; y por supuesto, al compositor e intérprete de la banda sonora en mayas rojas, colgado de un muro de altavoces y tocando una guitarra que escupe fuego al final del mástil. ¡Dicho y hecho! Bueno, quizá no tan rápido, teniendo en cuenta que los bocetos iniciales eran de 1999 y que su rodaje no comenzó hasta 13 años después. Pero viendo el resultado se puede afirmar que fueron unos años bien empleados. Creo que si se te ocurre coger un cerdo y varios patos reales y hacerlos protagonistas de tu guion (en efecto, George Miller escribió el guion de Babe, el cerdito valiente) estás lo bastante cuerdo como para rodar Fury Road.

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La cosa empieza bien, todo son facilidades: que si controlar el polvo generado por unos vehículos gigantescos a gran velocidad en un desierto (la continuidad está garantizada); que si mantener a unos personajes dando saltos por encima de un camión en llamas (la dirección de actores la tenemos dominada, vamos a centrarnos en que no haya que sacarlos de debajo de las ruedas); que si subir a unos especialistas en lo alto de unas barras pendulares ancladas a un vehículo en movimiento (porque somos australianos y vivir entre tiburones y arañas letales no es bastante emoción en la vida); y como esto no es lo suficientemente impresionante, vamos a hacer que unos motoristas salten por encima de los camiones y los hagan explotar, y todo con el agravante que tiene filmarlo y que quede bien a la primera. ¡Claro que sí! Una pena que no nos preguntasen cómo rodarlo a Night Owl y a una servidora de rayas naranjas, ya que solo necesitamos tres horas y tres cafés para dejar de llorar encima de los planos de rodaje de un corto con cuatro personajes alrededor de una mesa (true story). Pero ¿quién dijo miedo?, está claro que un presupuesto de 150 millones de dólares ayuda, y un equipo con conocimientos del género lo realiza.

Supongo que muchos de los elementos y complicaciones que tiene Mad Max en cuanto a guion y rodaje de acción, los tienen multitud de películas a las que no doy el crédito que se merecen, pero en lo que a presentación se refiere, esta historia de ciencia ficción se lleva la palma. Es el conjunto de la historia y la manera en la que se integra la acción, convirtiéndola en una parte fundamental y necesaria del mundo que Miller ha creado. Un contexto post apocalíptico concebido de tal manera que te invita a conocer más sobre su funcionamiento y entresijos, en el que la misma gasolina que vemos consumirse en persecuciones y explosiones, es uno de los bienes más escasos junto con el agua, y cuya escasez  estimula las decisiones de los personajes. Es también la complejidad real de la acción y la espectacularidad con la que te golpean escena tras escena. Todo colabora para mantener  nuestra atención como espectadores al más alto rendimiento.

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Otra de las cosas que también hacen de Fury Road algo diferente, es el uso medido del CGI (Computer-Generated Imagery), o como todo el mundo lo conocía hasta hace poco, efectos por ordenador (llamadme loca, pero yo sigo prefiriendo este término). Casi todo el contenido audiovisual que consumimos a diario incluye efectos creados por ordenador, en los cuales muchas veces no reparamos, debido a su gran calidad. En otras ocasiones, los percibimos y los disfrutamos, siendo conscientes del “engaño” a nuestros sentidos. Pero no siempre son bien recibidos y el exceso o el mal uso pueden crear una confusión en pantalla. Los efectos de Mad Max  no son excesivos, complementan e incluso enriquecen esa atmósfera sin estropear el metraje, y ayudan a crear ese ambiente de caos en un futuro dantesco. El diseño de una tormenta de arena o el simple etalonaje digital (también conocido como corrección de color), por ejemplo, contribuyen a dar forma al universo de Max.

El conjunto de todos estos elementos colocados en una inteligente medida, sumado al valor de correr riesgos, y no me refiero solo a los físicos, convierten a la película en una experiencia de incesante descarga de adrenalina.

Y como no aguanto mucho más tiempo fuera del agua, me quedaré con un interrogante: ¿Será verdad que he descubierto que me gusta la acción? ¿Se me habrá abierto un mundo de nuevas posibilidades? Glups, no lo creo… A lo mejor me he tirado a la charca con mis divagaciones, pero hay dos cosas que no se pueden ignorar: una, que Mad Max: Fury Road es acción con mayúsculas, y dos, que todo el equipo de esta película y en particular los especialistas y dobles de acción, están igual de locos que su protagonista.


                                                                                                                                          Pez Payaso

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