Los muñecos de acción ahora tienen tetas, ¿qué se supone que tengo que hacer con ellas?

Las cazafantasmas (2016, Paul Feig) y el problema del remake

No es ninguna novedosa afirmación ni forma parte de ninguna reflexión profunda el hecho de que Hollywood lleve ya varios años apostando más por el ejercicio de reciclaje que por la originalidad y la creatividad de la generación actual de cineastas. Supongo que tiene relación con alguna tendencia de consumo del gran público, y yo no voy a meterme en los gustos de grandes masas de personas, porque si tanta gente opina de una manera no pueden estar todos equivocados, ¿no?

El caso es que de este concepto de “recojamos las sobras de la cena de navidad de la semana pasada y reamorticemos los derechos de autor ya caducos”, surgió un nuevo afluente: “invirtamos los géneros, que el feminismo está de moda”.

¿A qué nos ha llevado esto? A unas cazafantasmas que tallan XY; a ocho sexys estereotipos de delincuentes – más próximas a un catálogo multirracial de lencería de Victoria’s Secret – que planean un golpe contra el Museo Metropolitano de Nueva York para robar… un collar; o a un jedi anónimo pero con curvas – en realidad no – que pelea en la galaxia contra un malo con máscara y sospechas de ascendencia asiática – y ojo que ella sale ganando, ¡maldita Mary Sue sin entrenamiento de ningún tipo, esto Luke no lo hacía! oh, espera….

La sorpresa es que las heroínas ahora son precisamente eso, heroínas, se acabó Elektra desangrándose en brazos de Matt Murdock, ahora Daredevil tiene tetas.

¿Dónde empezó todo esto? No sé, no soy gurú de nada, pero si me preguntasen yo diría que en las sagas, porque buscar el origen en éxitos aislados sería una visión utópica de Hollywood como algo más que un negocio que mueve tanta pasta como el sector de restaurantes italianos en un año. Y tirando de sagas de protagonistas femeninas sería ingenuo considerar que Bella Swan cumple los requisitos para apartar al hombre del foco heroico, así que yo señalaría a Katniss Everdeen y el abrumador ascenso a la fama de Jennifer Lawrence con cuatro nominaciones a los Oscar en 5 años. ¡Ey!, psss, ¡que las chicas venden!

Las figuras de acción femeninas empezaban a petarlo, y los guiones protagonizados por personajes femeninos fuertes e independientes – que no se me entienda mal, siempre hay un príncipe, cuando no dos, ¡Moana eres mi última esperanza! – asolaban los grandes estudios. Y con este contexto, en octubre de 2014 llegó la bomba: Sony relanzará la saga Ghostbusters con un reparto femenino. Wait, what?

Peligro: Se avecinan curvas

Empieza el conflicto o, como también gusta llamarse, la publicidad gratuita. El problema con Las cazafantasmas, era que ya no solo se juzgaba como un remake más dentro de la pila de potenciales éxitos o fracasos cinematográficos capaces de competir con el imperio de los superhéroes de Marvel, sino que amenazaba con retomar algo sagrado, y hacer precisamente eso que no debería hacer ningún remake, desordenarlo todo.

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Ain’t no b&%$@ going to hunt no ghosts

Es comprensible que el gran desafío para estas películas en la mayoría de los casos sea, no solo desentenderse de la esencia de la original, sino también no “quedarse corto” sin aportar nada a la primogénita. Las cazafantasmas amenazaba con pasarse de frenada, comerse el cono y atropellar a la pobre señora de cartón pluma que cruzaba en ese momento, y todo en su primera práctica de circuito cerrado.

Antes de cuestionarme los posibles aciertos o errores de la película, y en defensa de mi fomentada y mal cultivada subjetividad, es importante que deje claras dos cosas. Ni soy fan de la original, ni considero una tendencia especialmente buena para la revalorización del personaje femenino – actualmente enfrascado en una cruenta batalla por conseguir reconocimiento y deshacerse de las largas ataduras clásicas – la inversión de sexos en roles tradicionales para la historia del cine. ¿Qué dice de la lucha por construir mejores personajes femeninos eso de reciclar reconocidos papeles masculinos?

Dicho esto, Las cazafantasmas no puede evitar ser juzgada en función de sus predecesoras, y mucho menos puede esperar que el jurado olvide la osadía de su planteamiento.

Herencias que endeudan

Esta es, ante todo, una saga que sitúa la interacción de sus personajes como esencia para el funcionamiento de su maquinaria, de modo que el resto de sus piezas pueden estar mejor o peor engrasadas pero las protagonistas son la gasolina de la idea. Y a este respecto, es cierto que los personajes de Las cazafantasmas representan caricaturas, pero también lo es que ello no supone un planteamiento muy alejado de la original. Si la idea de los gags absurdos y los científicos de intelecto impecable y aturdida torpeza social fue parte irrefutable de su éxito en los 80, en la actualidad, esta fórmula sobrevuela el guión como fantasmagóricas cadenas que han capado – pun intended –  cualquier tipo de potencial.

Y con esto no estoy diciendo que la idea esté quemada o sea arcaica – recordemos que los actores de Big Bang Theory cobran un millón de dólares por episodio – lo que intento es incidir en que ésta no es una fórmula de éxito garantizado, al contrario, necesita un poco más de trabajo en la inclusión y el ordenamiento de sus ideas. En ese sentido Las cazafantasmas no puede evitar dejar una sensación agridulce con la disposición de viñetas y diálogos apelotonados. Es cierto que el guión no es tan usual y plano como me esperaba en un primer momento, en algunos sentidos es osado y se sale del molde, pero lo cierto es que eso no le hace ningún favor, Las cazafantasmas es una descontrolada y rugosa pelota de plastilina con un montón de colores mal fundidos, una mezcolanza sin ningún tipo de pulimiento final. Las secuencias se sobreponen como si construyesen un arbusto mal recortado, y es posible – como descarada interpretación personal – que el criterio del jardinero se perdiese en la sala de edición.

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Dejad de objetivar a los hombres como simples recepcionistas rubios, sexys y tontos, por favor.

Las cazafantasmas arrancan a contrarreloj, y eso es algo que se nota en el primer acto más que en ningún otro, su intención de meter mucho en poco, sin olvidarse de viejas referencias y conocidos clichés, provoca algunos momentos incómodos que enmascaran los aciertos que pudiese tener la cinta, acelerándolo todo hasta un extravagante “¡montemos un negocio para atrapar entes paranormales en Nueva York! ¿cómo decías que era tu nombre, guapa?”. Para que os hagáis una idea, la cinta invierte más tiempo en presentar al secretario sexy – el mayor cliché de todos – que a ninguna de sus protagonistas.

Palabra de honor, no todo es malo

Aún enfrentándose a esta desventaja, es cierto que – siempre en mi desatada opinión – las cuatro protagonistas demuestran mayor química que los cuatro “héroes” originales, y también lo es que el tono del filme queda mucho mejor establecido en los primeros 15 minutos. Mientras la original tenía un rollito muy tétrico y tenebroso que impedía realmente definirla más como comedia distendida que como Frankenstein que intentaba encestar en muchos sitios a la vez, el remake sabe defenderse mucho mejor, apuntando de lleno al fantasma de agradables tonos azulados con el que irías a tomarte unas cañas después del trabajo de no ser por su inestable régimen intestinal.

Si tuviera que destacar algo que tiene Las cazafantasmas frente a Cazafantasmas, sería Kate McKinnon. La actriz se pone en la piel de Holtzmann, el personaje más complicado del filme. Y por complicado, en una comedia familiar estándar, hago referencia al peligro de caer en la caricatura absurda e injustificada. La cómica le da esencia a la perfección, construye un personaje completo que respira y vive con fuerza propia en cada una de las secuencias del filme, ya sea ocupando el primer o el segundo plano. Después de todo, es en éste último donde el elenco coral puede ganar o perder estrepitosamente, y eso es algo que Paul Feig entiende rápidamente y cuida con esmero.

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No existe pie de foto adecuado

Es cierto que Las cazafantasmas no es, ni de lejos, una película bien construida, posiblemente ni siquiera sea un remake digno. Dicho esto, es importante ser conscientes de que es más complicado que un remake salga airoso que crear una película “original” tirando de viejas fórmulas. El remake compite, después de todo, con demasiados frentes abiertos. Por un lado la sombra del original y su capacidad para distinguirse de éste, es decir, de tener personalidad; y por otro su ingenio a la hora de amoldarse al contexto actual.

La batalla a la que se enfrentaba Las cazafantasmas era posiblemente la más compleja hasta la fecha, lo cual no implica que se deban pasar por alto los muchos errores y desaciertos que la encadenan, pero es importante señalar que se trata de pegas que – casi sin duda – serían más fácilmente olvidadas por crítica y público de haber tenido más testosterona involucrada. Gracias prensa sensacionalista por convertir esta película en una especie de representativa guerra de géneros. La pugna de la mujer en la industria cinematográfica no ha hecho más que empezar – y ¡eh!, que puede que lo diga como una asquerosa feminista encubierta que adora citar al patriarcado, o simplemente puede que lo diga como una persona que ha leído demasiadas ofertas que “tienen preferencia por un chico” o que buscan “alguna alumna disponible” –. La más honesta e incontaminada verdad es que he visto películas peores recibir menos críticas, es posible que Wiig, McCarthy, McKinnon y Jones – en orden de aparición, no soy racista – hayan pasado rozando el listón, pero también es importante plantearse a qué altura lo teníamos, y sobre todo, si alguien serró la pértiga antes de tiempo.

Los apuntes feministas que todos sabíamos que llegarían

  • Por supuesto es interesante, en un proyecto de inversión de géneros hacer una pequeña referencia a la caracterización masculina. Y, si “ellas” son estereotipos concretos y fácilmente reconocibles, “ellos” son clichés exageradamente expuestos: ‘la secretaria buenorra pero tonta’ – Thor no finjas que no sabes lo que es ser objeto de deseo sexual; ‘el alcalde en la inopia’ – décadas de trabajos reconocidos tienen que servir para que aún con estos papeles secundarios sigas siendo respetado en Hollywood ¿no Andy García?; ‘el malo sin más motivación que la maldad’ – ¿quién eras tú? Lo siento chicos, nosotras llevamos toda la vida siendo clichés aburridos, tendréis que aguantaros un poquito – y sobre esto sí que no aguanto discusiones, podría escribir 150 páginas al respecto, en serio –.
  • «You just got Holtzmanned, baby!» Y como conclusión final: un análisis del núcleo duro de la heroína como centro de la acción. Entiendo que el tratamiento de algunas secuencias que sitúan a la mujer en el papel del tradicional héroe musculoso lleno de hollín, con manchas de sangre adornando estéticamente sus facciones faciales y ropas  cuidadosamente desgarradas de acuerdo a la MPAA, se pueda considerar una cierta explotación de la sexualidad pero, sin adentrarnos en los concernientes comentarios libidinosos, las mujeres hemos sido objeto de deseo sexual desde que se juntaron 24 fotogramas en un segundo – sois perfectamente libres de debatirlo con Laura Mulvey –, y es posible que esta nueva tendencia nos indique que la frontera se está diluyendo, el viejo objeto sexual se está transformando en objeto de poder y lo cierto es que el poder en manos de las mujeres, remake o no, es novedad.
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2 comentarios en “Los muñecos de acción ahora tienen tetas, ¿qué se supone que tengo que hacer con ellas?

    1. Muchas gracias calcetines! El clip deja la pelota en vuestro tejado, podéis escoger quedaros con el viejo objeto sexual idealizado o podéis ser “holtzmanneados”. Y bueno, parece que los japoneses son los únicos capaces de no idealizar al Dios del Pixel en Youtube

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