Un monstruo dentro

Con sencillez formal y ritmo pausado, Kaidan yukijorô (Tanaka, 1968) se mueve con acierto entre los géneros del terror y el drama, logrando un delicado equilibrio entre ambos espacios. Para mí, esta armonía ya es algo destacable, pero director y guionista se atrevieron a ir más allá, permitiéndose jugar con las limitaciones del cine de terror, invirtiendo estereotipos y derrotando las expectativas del espectador.

El filme está basado en uno de los muchos relatos populares que giran en torno a la figura de Yuki-onna, personaje espectral que forma parte de la mitología japonesa tradicional. Según la leyenda, este espíritu se materializa en forma de mujer de tez pálida y cabello oscuro, dedicándose a deambular de noche por las montañas, congelando hasta la muerte a aquellos que se cruzan en su camino.

¿Os despierta esta descripción del fantasma algún recuerdo? Apuesto a que la imagen una niña de rasgos similares saliendo de un televisor de tubo ha cruzado la mente de más de uno. La caracterización del fantasma y la propia esencia de la leyenda de Yuki-onna, establecen conexiones evidentes entre Kaidan yukijorô y el subgénero J-Horror, cuyo boom se inició 30 años después del estreno de ésta. Sin embargo, a pesar de las similitudes, el filme del ’68 hace algo que The Ring (1998) y sus sucesoras no se han planteado todavía (al menos que yo haya visto), y es el construir a su personaje espectral como protagonista del relato.

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Imagen de Ringu (1998). La caracterización de este espíritu comparte ciertas similitudes con la imagen de Yuki-onna.

En el cuento popular que adapta la película, Yuki-onna se encuentra con dos hombres que se ven atrapados en la montaña por una tormenta. El espíritu mata al más anciano, pero deja vivir al otro, porque es “joven y hermoso” (traducción: le mola). Sin embargo, al perdonarle la vida, el fantasma también le impone una prohibición: nunca podrá contarle a nadie lo que vio esa noche o ella misma tendrá que matarlo. Más tarde, el espíritu oculta su identidad tomando la forma de una humana y se casa con el joven, el cuál no se percata de su naturaleza espectral.

En el relato original, los esfuerzos del autor se concentran en crear intriga en torno a la prohibición impuesta por el espectro, utilizando la posibilidad de que el protagonista incumpla su promesa para generar incertidumbre y suspense. Mientras esta intriga se desarrolla, el espíritu aguarda la resolución de la misma con aparente paciencia y frialdad, escondido tras su aspecto humano.

La adaptación que se realiza en Kaidan yukijorô, respeta la estructura y los núcleos narrativos del relato original, pero se toma ciertas licencias, ubicando el suspense en lugares similares, pero enfocándolo de forma diferente. Este nuevo enfoque se debe sobre todo a que la película coloca al fantasma como protagonista, desarrollándolo como un personaje nuevo.

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Representación de Yuki-onna en el “Rollo ilustrado de los cien demonios” (1937)

Lejos de la frialdad y el desafecto que la caracterizan en el cuento, Yuki-onna está representada en el filme como un espíritu que, aunque atesora un resentimiento enorme hacia los humanos, también anhela y envidia su felicidad. Es la lucha por alcanzar esa felicidad la que le da una nueva dimensión al personaje, una dimensión humana, con la que resulta fácil empatizar. La intriga sigue en el mismo sitio, el público sigue temiendo que el hombre incumpla su promesa, pero esta vez no porque ello signifique su muerte, sino porque significaría el fracaso del espectro en su objetivo humano y primario de alcanzar la felicidad.

No estoy diciendo con esto que Yuki-onna pierda en la adaptación todo su carácter vengativo o perverso, la vemos asesinar al anciano en los primeros compases del filme, igual que en el cuento. Su caracterización como fantasma también da bastante miedito, especialmente cuando la vemos desplazarse con delicadeza espectral y perturbadora o cuando dirige a la cámara su inquietante mirada. Pero guionista y director logran acercarnos a este ser complejo, no convirtiéndolo en un arquetipo plano de bondad extrema, sino explorando sus motivaciones y conflictos, dándole profundidad.

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Tanto es así, que según avanza el metraje, no solo llegamos a admirar el empeño con el que la protagonista protege su felicidad y la de los suyos, luchando por mantener a su marido y a su hijo a salvo de las injusticias que los acosan, sino que llegamos a entender también su lado oscuro. Esta comprensión empieza a construirse cuando el espíritu adopta su forma de carne y hueso, momento en el que tiene que hacer frente a todos los horrores que un humano puede sufrir por ser mujer, hermosa y pobre en una sociedad como la del Japón feudal.

Yuki-onna es tratada con desdén, contemplada como simple objeto sexual y, en definitiva, acosada por una sociedad en la que simplemente trata de ser feliz. Es al enfrentar al espectador con esta realidad, que la película demuestra su talento para jugar con los límites del género de terror. Porque puede que el fantasma dé miedo con sus miradas y gestos, pero lo que más acaba asustando aquí es la intolerancia de una sociedad cruel y hermética. Se invierte así el estatus estereotípico de los personajes, adjudicando el origen del terror a los humanos, en lugar de al supuesto monstruo.

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La chamán del pueblo representa en el filme una parte de la intolerancia humana. En este caso la basada en creencias religiosas y supersticiones.

Y es esta inversión del estereotipo lo que más huella deja en la mente del espectador, al contrastar la delicada y herida humanidad de Yuki-onna con la insana perversidad que corrompe a los humanos. De esta forma, y aunque es verdad que la estética y la leyenda en la que está basada acercan a Kaidan yukijorô al J-Horror, el tratamiento y desarrollo de su personaje fantasmal la sitúan más próxima a filmes como Frankenstein (Whale, 1931), King Kong (Cooper y Shoedsack, 1933) o el Eduardo Manostijeras de Burton (1990). Películas en las que el verdadero monstruo también se esconde en el miedo de los humanos hacia lo diferente.

¡Se me ha pasao!

Pues ya acabé la crítica, pero ahora me doy cuenta de que solo he hablado del guion y la construcción de los personajes, principalmente porque creo que lo más interesante está ahí. Pero sabed que las interpretaciones son excelentes, especialmente la de Shiho Fujimura, encargada de dar vida a la compleja Yuki-onna. Y en lo que se refiere a los departamentos técnicos, destacar la fotografía, los artesanales efectos especiales y el montaje, que ofrecen solidez visual y expresividad al relato.

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