Lo bueno, lo malo y lo mediocre

Hace ya muchos años que tengo una cuenta en Filmaffinity, página web que satisface mi cinefilia y mi obsesión por el orden a partes iguales. Me ofrece un montón de fichas técnicas de películas que puedo ir colocando en una escala del 10 al 1, de mejor a peor. El proceso de votación es, en principio, sencillo, y lo llevo a cabo basándome principalmente en instinto y en las referencias que me ofrecen los extremos de mi lista. Si una película me gusta, la sitúo en la parte superior de la tabla, cerca de mis dieces (Pulp Fiction, Apocalypse Now…), si no me gusta la sitúo cerca de mis unos (Crocs: Mandíbulas asesinas, Manos: The Hands of Fate…).

De este modo, se supone que he creado una escala que ordena las películas que he visto de acuerdo a mis gustos, distribuyendo los filmes de forma progresiva y descendente, situando arriba los que más me gustan y abajo los que más detesto. Sin embargo, he estado pensando en ello –porque yo soy muy de pensar en estas cosas– y creo que no he estado valorando adecuadamente. No quiero decir que no esté de acuerdo con mis puntuaciones, sino que creo que no les he estado dando a los números el valor que merecen, y que esa idea de escala progresiva no es más que una mentira. Porque… ¿y si la peor nota que puedo darle a una película no es un uno?

La infructuosa búsqueda de dieces

En un principio, se supone que cuando nos proponemos encontrar una película para ver, lo que buscamos es un diez, una película que nos transporte a mundos increíbles, con personajes complejos, una narrativa sólida e inmersiva, imágenes sorprendentes, ideas que nunca antes habíamos valorado, emociones que no habíamos sentido, etc. Es decir, se supone que perseguimos una utopía imposible en forma de cine.

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Pulp Fiction (1994) uno de mis dieces más amados

En parte, esto es así. Cuando busco una película, suelo procurar que ésta sea buena, y aunque sé que es muy difícil que vaya a encontrar algo que me vaya a marcar o impresionar tanto como, por ejemplo, Pulp Fiction, entre otras cosas porque la vi cuando era joven e impresionable, de vez en cuando sigo persiguiendo ese ideal absurdo de “la película perfecta”. Pero otras veces no, otras veces lo que busco es sencillamente una película buena, un siete, porque no siempre tengo el cuerpo para obras capaces de cambiar la visión que tengo del cine o de la vida, a veces lo único que quiero es algo satisfactorio y disfrutable.

La extraña atracción de los unos

Si te suena raro que a veces prefiera un siete a un diez, escucha esto: en ocasiones… busco unos. A esto me refería con que no valoro correctamente las posiciones en mi escala y que el carácter progresivo de la lista no es más que una ilusión, porque los unos pueden ser igual de interesantes que los dieces, aunque sea de una manera totalmente diferente.

Para empezar, las películas malas nos aportan conocimientos muy interesantes sobre cómo no nos gusta que se ruede una película. Yo soy de los que piensa que puedes aprender lo mismo analizando El Padrino que analizando un par de capítulos de Alerta Cobra, lo que te aporten será muy diferente, pero igual de útil. Por eso creo que en las escuelas de cine debería ser tan obligatorio ver El acorazado Potemkin por sus virtudes como Alto o mi madre dispara por sus defectos. Las películas malas nos ayudan a conocer el medio y a construir nuestro gusto cinematográfico. Es tan importante tener referencia y conocimiento de las películas que nos gustan como de aquellas que detestamos.

Manos: The Hands of Fate (1966) uno de mis unos más entretenidos

Pero es que a mayores, los unos también pueden ser experiencias disfrutables (a su manera). Por ejemplo, la expresión “películas tan malas que son buenas” hace referencia al potencial para crear entretenimiento que poseen los unos. Sharknado es uno de los ejemplos más recientes de este tipo de cine, una película tan mal hecha que logra hacerte reír, intencionadamente o no. Puede que haya gente a la que no le haga gracia, pero yo sé que me he divertido más con ella que con muchas otras “mejor hechas” y cuyo único objetivo era precisamente, el de hacerme reír o entretenerme.

La insulsa mediocridad de los cincos

Y es aquí donde me encuentro con la mayor anomalía dentro de mi escala, porque a veces me apetece ver una película buena, a veces una muy mala para ponerla a parir y reírme un rato de ella, a veces una de la que no sé absolutamente nada, pero ¿sabéis qué películas nunca busco? Las mediocres, los cincos.

Estas son películas que no hacen nada necesariamente mal, pero que tampoco dejan huella. Hacen lo suficiente para que no las odie o me ría de ellas, incluso pueden lograr que me las tome en serio, pero siempre siguen la ley del mínimo esfuerzo, del mínimo riesgo, y nunca aspiran a crear algo único, interesante o personal. Pueden tener buenos actores o los valores de producción de un taquillazo – generalmente los tienen –, pero o bien sus personajes carecen de una personalidad o espontaneidad suficientes como para hacer que me preocupe por ellos; o bien sus relatos se desarrollan con una impersonalidad narrativa que hace que sus temas, por muy tristes, graciosos o profundos que sean, no logren conectar conmigo.

Son películas sin alma.

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Transcendence (2014) uno de mis cincos más insoportables

Transcendence, The Mexican o La habitación del pánico son ejemplos de películas que me dejan frío (todas de Hollywood, qué coincidencia). Como dice Pez Payaso, “no estorban”, pero es que tampoco aportan nada. Cuando acabo de ver alguna de ellas, me siento anestesiado, como si acabara de pasar la última hora y media en una cámara de animación suspendida, con la mente en blanco. Al cabo de unos días ya ni me acuerdo de qué iban, o de los nombres de sus protagonistas, o de los temas que trataban…

Las películas malas, en el peor de los casos, me cabrean, pero las mediocres me dejan vacío. Siendo así, sinceramente, prefiero las primeras, aunque lo único que me hagan sentir sea odio hacia ellas, siempre es mejor que no sentir absolutamente nada.

Concluyendo mis divagaciones

¿Debería cambiar mi modo de valorar películas? ¿Debería cambiar mis cincos por unos y viceversa? No lo creo. Al fin y al cabo, las votaciones que hago responden a más cosas que al conocimiento que me proporcionan o al disfrute que saco a su costa. Cuando una historia me parece que está horriblemente mal contada o que fracasa en alcanzar un tono coherente, da igual que me haya hecho reír o que me haya hecho pensar más que cualquiera de las mediocres que he citado, para mí va a ser siempre peor.

Supongo que simplemente debería aceptarlo como una contradicción más en mi vida, como una laguna de las tantas que tiene este sistema de listas y puntuaciones. Debería entender mi escala más como una herramienta para ordenar el caos que es mi gusto cinematográfico y no como una forma de calcular el valor de las películas que veo.

No temáis, si vuelvo a tener dudas con alguna memez como esta, os lo haré saber. ¿Y vosotros? ¿Sois unos fanáticos de las puntuaciones? ¿Creéis que las películas malas pueden ser “mejores” que las mediocres? Dejadnos un comentario por aquí con vuestras reflexiones y no os olvidéis de seguirnos en Twitter y en Facebook.

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