Múltiple, cubismo desproporcionado

Shyamalan personifica, en muchos sentidos, las consecuencias de la valentía del incauto. Su filmografía, una montaña rusa sin estructura fija, no puede negarle un puesto de honor entre los nombres más esperados de la cartelera. En sus películas de comienzos de los 2000, el joven director indio tomaba el sendero más intrincado, y con la maestría de los mejores delineantes lo convertía en un cuento de hadas. Era capaz guiar al espectador por la fina línea de la circunferencia, rondando con sutileza el arte de depositar lo explícito debajo de nuestras narices, como si la narrativa se convirtiese en un juego de geométricas proporciones perfectas.

Hoy, Múltiple se enreda en su propia tela de figuras inconexas, el filme no acaba de eclosionar, el clímax que en el antiguo Shyamalan destrozaba los manuales de guión más prestigiosos, aquí parece destinado a la impotencia narrativa. Ya no hay susurros en el oído del espectador, el director suelta su mano y lo deja desvalido ante un engranaje cubista con proporciones dramáticas estándares.

Múltiple fractura una reconocida fórmula pasada, aunque no termina de destriparla. Su guión introduce aristas anti climáticas que segmentarían el armónico paseo de Bryce Dallas Howard por el bosque, los contornos que Syamalan introduce ahora, serían suficientes para accidentar la travesía de fe de Mel Gibson. El equilibrio de su cuadro se desdibuja cuando el director toma la decisión de cerrar círculos innecesarios y por el camino conjuga una serie de elementos que nos encierran en un indefinido sótano narrativo.

Como ya había hecho en El sexto sentido (1999), Señales (2002) o incluso La visita (2015), el director indio luce nuevamente una capacidad excepcional para sentar jóvenes talentos en el estrado y conseguir que los focos no ensombrezcan el corazón de la actuación.

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Así, Anya Taylor-Joy se reafirma como una sólida promesa capaz de conquistar el espacio dejado por un McAvoy que me permitirá alabarlo aun sin haber escuchado su propia caracterización vocal… La joven actriz, que en realidad no es tan joven (21 años), tiene una presencia casi añeja, acerca el dolor y la angustia con un regusto muy humano que recuerda a los mejores héroes de Shyamalan. Héroes de carne y hueso, con una vulnerabilidad opaca, encerrados en sus propias atmósferas tan tóxicas como adecuadas.

El gran problema de Múltiple es su capacidad, como planteamiento, de rememorar los grandes lienzos del director. El Shyamalan de 2017 crea tangentes que rememoran sus figuras pasadas más perfectas, y con ello nos recuerda cómo incurre desde hace varios años en uno de los pecados más grandes del cine, vivir bajo la sombra de uno mismo.

 

∼Puntuación: 7/10∼

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