Moonlight – Tres historias de identidad narradas a la luz de la luna

Con ritmo pausado y cuidado estilo visual, Moonlight compone un relato íntimo y personal, desarrollando su narrativa en torno al conflicto generado entre la identidad individual del protagonista, Chiron, y las expectativas que le impone su entorno. El resultado es un drama con mucha fuerza, capaz de conectar al público con personajes y realidades duras y complejas.

Chiron es un joven negro que crece en un barrio pobre del sur de Estados Unidos y en el seno de una familia desestructurada, con un padre ausente y una madre inestable. Las cosas no son más fáciles en su colegio, donde sus compañeros lo marginan y humillan por considerarlo diferente, una diferencia que le hace ganarse la etiqueta de “maricón”. Esta alienación le llevará a explorar su identidad, más concretamente la sexual.

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En Moonlight, este viaje de descubrimiento se divide en tres capítulos vitales, donde se relatan la infancia, adolescencia y vida adulta de Chiron, profundizando en las dificultades, expectativas y presiones sociales propias de cada fase. Esta división hace que la exploración temática sea más profunda, aunque a cambio también se sacrifica parte de la fluidez narrativa de la historia.

La construcción y desarrollo del protagonista es uno de los elementos más destacables de Moonlight. Barry Jenkins y su equipo son capaces de utilizar con sencillez e inteligencia los tiempos y los silencios de cada escena, logrando ahondar en los conflictos internos de Chiron, sin necesidad de recurrir a exposiciones artificiales o subrayados innecesarios. El relato confía en el espectador para cubrir los espacios dejados en blanco, implicándolo totalmente en la narración de la forma más natural posible.

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A la sencillez de la propuesta se le une una cinematografía al servicio de la historia, los temas y, sobre todo, los personajes. La cámara y la edición se alían con el uso del color y el diseño de sonido para imprimir pulso y expresividad a una narración que deja marcada su huella en el espectador.

∼Puntuación: 8/10∼

Nota editorial: En medio de esta nueva fiebre que vive Hollywood, donde las grandes productoras (y los poderes financieros que tienen detrás) tratan de demostrar su compromiso con las minorías sociales, podría pensarse que Moonlight es solo un engranaje más de esta estrategia propagandística.

¿Un filme que habla de identidad sexual, que está protagonizado por afroamericanos, que es paseado por los festivales y galas más importantes de Estados Unidos, en el momento tan delicado por el que está pasando el país…? Es normal que a uno le pueda parecer que Moonlight es un simple truco de marketing para que la “fábrica de los sueños” se sitúe en el lado “progre” de la ecuación a ojos de la opinión pública.

Sin embargo, el acercamiento a las minorías de esta película no tiene nada de institucional, tal y como otras películas recientes sí parecen tenerlo (Figuras Ocultas, te estoy mirando a ti), esta es una aproximación íntima y honesta a realidades humanas de las que no se habla lo suficiente. Puede que los motivos por los que está nominada a los Oscar tengan más que ver con ese lavado de cara institucional que con sus méritos como obra de ficción, pero que eso no te quite de verla, porque merece la pena.

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