Ghost in the Shell (2017) – Crisis de identidad

En un futuro no muy lejano, la compañía líder en tecnología de implantes cibernéticos, Hanka Robotics, descubre la forma de insertar el Ghost (alma/conciencia) de un humano en un cuerpo enteramente artificial. Mira Killian (Scarlett Johansson), una joven que pierde su cuerpo en un ataque ciberterrorista, es seleccionada para ser la primera en experimentar esta nueva tecnología. El éxito de la operación y el inmenso poder que adquiere Mira con su nuevo cuerpo cibernético, hacen que la empresa decida utilizarla como arma antiterrorista, poniéndola al servicio de un equipo gubernamental especializado en cibercrimen: la Sección 9. La aparición de un misterioso hacker, al que tendrá que dar caza, hará que la joven se empiece a hacer preguntas sobre su vida antes de la operación, ya que no conserva ningún recuerdo de entonces.

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Ghost in the Shell (2017) intenta encontrar su identidad en el thriller y en la ambientación futurista, pero la falta de talento en la dirección y la disparidad de las propuestas que tratan de fusionarse en el guion, acaban construyendo un relato irregular e insípido. Esta irregularidad se produce porque la película quiere ser demasiadas cosas a la vez. Por un lado, intenta evocar a sus antecesoras, recreando algunas de sus escenas más icónicas y tratando de capturar parte de su espíritu reflexivo. Por el otro, Ghost in the Shell quiere atraer audiencias, lo que la lleva a mantener la introspección filosófica a un mínimo y le da más protagonismo a las escenas de acción y al desarrollo de una trillada trama de “heroína amnésica indaga en busca de su pasado”.

Como resultado, los elementos reflexivos queda en segundo o tercer plano, sirviendo en el mejor de los casos como parte de la ambientación, y en el peor como una forma barata de darle a la historia una profundidad que no posee. Aún así, la película podría haberse redimido con un desarrollo eficaz de la trama principal, pero es nuevamente esa dicotomía comercial/reflexiva la que arruina el intento.

Un ejemplo claro de lo nocivo de esta dualidad se encuentra en el guion, que se aproxima al relato con un enfoque cercano, centrándose en la lucha personal de Mira por recuperar sus recuerdos, un enfoque que no sería la primera vez que se utiliza para lograr una historia, por lo menos, entretenida. Pero el peso de las influencias de títulos anteriores, especialmente las de la adaptación de 1995, empujan a los guionistas a crear personajes distantes y diálogos robóticos con los que resulta difícil conectar. Como resultado, no se obtiene ni la riqueza introspectiva de otras entregas, ni la ligereza empatizable propia de un buen blockbuster.

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Hay momentos, especialmente cuando el filme olvida sus pretensiones de profundidad y se decide a comprometerse con los aspectos más emocionales y sencillos de su trama, en los que se logran instantes de verdadera emoción. Pero estos momentos son escasos, y están separados por escenas de acción visualmente impactantes, pero de realización poco inspirada, y por diálogos sin alma, protagonizados por personajes que parecen moverse más por necesidades narrativas que por deseos personales.

El empeño que demuestra Ghost in the Shell por capturar la magia de anteriores entregas, acaba por alejar a la película de esa identidad que tanto necesita, dejándola en tierra de nadie. Una cinta cobarde, que trata de agradar al mismo tiempo a gran público y a fans de otras adaptaciones, pero que fracasa en ambos frentes.

∼Puntuación: 4/10∼

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