Cómo podría ‘Las chicas del cable’ acusar la crisis de la TV española

Cuando Pez Payaso me habló con tono de sorpresa de una serie española producida por Netflix que tenía “buena pinta”, lo cierto es que no le di demasiada importancia. Venga, es Netflix… muchos me acusarán de optimismo infundado con todos los proyectos de la plataforma, y he de admitir que su oferta al completo no acaba de encandilarme (la última prueba de ello es Iron Fist), pero eso no me impedirá seguir afirmando que es un modelo de negocio que, en esta ‘época dorada de la televisión’, ha implantado ciertas libertades en la toma de decisiones que no han hecho más que enriquecer la ficción.

¿Pero dónde está la sorpresa de Pez Payaso? Bueno, pues en que Las chicas del cable pertenece a la misma productora que hizo Velvet y Gran Hotel, dos producciones que ni al animal acuático ni a mí nos atraen en grado alguno. Ninguna entendemos cómo ésta nueva serie, con una sola promoción de 20 segundos , puede atraernos más que las anteriores, ¿será el poder de las letras rojas de Netflix? o será que inconscientemente somos conscientes del problema que asola el modelo televisivo español.

¿Hay crisis en la TV española? Déjate de populismos, ¿en qué te basas para decir que hay una crisis?

No le llamemos crisis todavía. Sé que a la gente le encanta utilizar esa palabra para levantar un aire dramático que en rara ocasión se justifica.

Supongamos que tuviera que dar argumentos, ¿dónde buscaría el primer indicador que hablase de una crisis televisiva? Podría, en un primer lugar, preguntaros ¿qué televisión consumís habitualmente? O podría no esperar vuestras respuestas, y buscar una manera más explícita de fundar mi razonamiento: las audiencias.

Las audiencias: seamos científicos serios, comprobemos los números

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La primera reflexión que se extrae de un vistazo superficial a los programas más vistos de una semana cualquiera de marzo de 2017, es la siguiente: (antes de nada, no es que tenga nada en contra de un país bien informado, si es que algo así puede existir… ), pero… ¿nadie tiene curiosidad por saber dónde se mete toda la gente durante el prime time? Ya sabéis, esa franja horaria que vale oro en la televisión, en la que los anunciantes pagan un pastón por 30 segundos en antena.

El prime time es un espacio predilectamente reservado para ficciones (o programas que explotan la sensiblería de exponer a un infante a su momento de oro delante de unas estrellitas que, antes de darle una patada, le dan un abrazo y muchos ánimos con su voz de ángel caído ) Esta semana parece que las únicas ficciones capaces de alcanzar el TOP 5 son Cuéntame cómo paso y Allí abajo.

Si somos un poco realistas, Cuéntame cómo pasó podría decirse que no cuenta como ejemplo de la situación actual de la ficción española, es un superviviente de otra época.

Allí abajo, por otra parte, sí que es un ejemplo a analizar, casi se podría considerar uno de los pocos productos de ficción de éxito de los últimos años. Sus audiencias oscilan entre los 5 y los 3 millones de espectadores, pero no marcan una caída en picado.

Y aún aceptando éste éxito aislado, debemos aceptar que frente a un Allí abajo tenemos un La embajada, con una pérdida de 2 millones de espectadores desde su estreno  , Pulsaciones, una bajada de 1 millón en 10 capítulos , y Buscando el norte, más de un millón de pérdida en 8 capítulos.

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¡Venga, hasta otra!

¿Y por qué escoges solamente producciones de Atresmedia? No voy a tratar de justificar algo tan subjetivo como la identificación de un canal como la cuna de la ficción de gran éxito española. Así que simplemente citaré una fuente de esta afirmación y huiré por la puerta de atrás: podéis rebatírselo a la Cadena Ser.

Lo preocupante de esta situación, es que estos números, y esta repentina exigencia que el público español parece tener, no es un síntoma repentino, sino que es algo que se viene acusando desde hace ya algún tiempo, y que se habría revelado antes si audiencia y crítica hubiesen sido un poco más honestas con producciones como Mar de plástico o Vis a Vis, con las que Antena 3 salió bastante airosa, teniendo en cuenta el panorama…

En este punto voy a jugármela con la segunda pieza que podría y debería delatar la existencia de una crisis en caso de que esta existiese. La audiencia ha dejado poco a poco claro que no está dispuesta a sentarse delante de productos de ficción mediocres, teniendo todas las opciones que se tienen hoy en día. Pero, ¿cuál ha sido el papel de la crítica en todo esto?


La crítica: ¿Qué sabré yo?, solo soy un búho. Consultemos a los expertos

Tanto Mar de plástico como Vis a Vis fueron alabadas por la crítica. Elogios que se repitieron en otras series como Gran Hotel o Velvet. De estas dos últimas solo puedo decir que intenté ver Gran Hotel, y descubrí que el drama de campiña no era para mí (irónico teniendo en cuenta lo bien que soporté la primera temporada de Downtown Abbey, pero… dejémoslo correr)

Y es precisamente porque vi Mar de plástico (1 temporada enterita) y Vis a Vis (1 capítulo enterito) que puedo decir que me sorprende lo que la crítica dijo de ellas. Antena 3 es muy dada a la autopromoción, un hecho de sobra sabido por cualquiera, y eso nos regala promociones tan curiosas como esta.

Como se puede observar, expresiones del tipo “apasionante thriller” son de una profundidad de análisis inconmensurable, matices como “gran serie” son sin duda valoraciones que no podría efectuar cualquiera, y además están argumentaciones tan poco pretenciosas como “un antes y después”, o “una de las mejores series españolas del año”. Pero… espera, ¿y si leemos la letra pequeña? ¿A quienes pertenecen estas opiniones en las que Antena 3 se baña? ¿Quiénes son estos críticos dignos de ser citados en la televisión nacional como fuentes de honestos y representativos juicios de valor?

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Cadena Ser, Periodista Digital, Bluper (El español), ABC, y Vertele. Les presento a los que Antena 3 considera claros referentes críticos del panorama ficticio español. Los criterios más ilustres e informados de la calidad audiovisual. A ver, a ver… que Periodista Digital todos sabemos tiene la misma seriedad que su director, el mismísimo señor Alfonso Rojo; Vertele es un portal al que se le puede tener mucho cariño, pero no deja de ser una guía de televisión; ABC… bueno, pilláis la idea.

Lo que intento es poner en entredicho este “ente crítico” que parece que intentan crear en nuestra cabeza. Si analizamos un poco el negocio de la producción televisiva española podríamos caer en la conclusión de que estamos nadando en un pozo contaminado por sus propios intereses. Todos sabemos que la totalidad de medios de comunicación pertenecen a un gran conglomerado que se simplifica en dos o tres grandes grupos. De modo que, ¿nunca te has planteado que algunas de las críticas más exacerbadas sobre la calidad de los productos televisivos que una cadena te vende, vienen precisamente de otros medios, que pertenecen al mismo grupo comunicativo… de esa misma cadena?


El negocio de la TV: la tela de araña

Es cierto que es jodido que apunte a una especie de confabulación judeo-masónica que incita a la crítica a salvaguardar los productos de ficción españoles teniendo en cuenta que aquí, Antena 3 (GRUPO PLANETA) cita a la Cadena Ser (GRUPO PRISA). Un ligero resumen:

– Antena 3 ⇒ Atresmedia ⇒ GRUPO PLANETA

– Cadena Ser ⇒ Prisa Radio ⇒ GRUPO GODÓ

¿Dónde ves el conflicto de intereses tú? Tiremos de la manta. Mar de plástico es una producción de Boomerang TV, que a su vez tiene una filial y pertenece a Varanda TV, que misteriosamente pertenece al GRUPO GODÓ. Esto es lo que yo definiría como un claro modelo de negocio sano e incontaminado:

GRUPO PLANETA ⇒ Atresmedia ⇒ Antena 3 ⇔ Mar de Plástico ⇔ Boomerang TV ⇐ Varanda TV ⇐ GRUPO GODÓ ⇒ Prisa Radio ⇒ Cadena Ser

¿Y todo esto para qué? ¿Justificar que una de las 5 críticas que ahí leemos puede estar mínimamente influenciada por hilos y cadenas muy finas y largas? Puede. El caso es que tal y como yo lo veo, la crítica española invierte demasiado esfuerzo en salvar los productos de ficción antes de que se hundan.  Y todos estos cumplidos, aunque bastante discretos (algunos) pierden su credibilidad, si, como yo, se os ocurre ver la primera temporada completa de Mar de plástico.

Aquí, hasta podríamos ponernos a discutir sobre la influencia real que tiene una opinión crítica en el público. De modo que, para aligerar conflictos, voy a analizar un par de secuencias de Mar de plástico y dejar en vuestras manos eso de decidir si la crítica se piensa que somos gilipollas, si la crítica es gilipollas, si lo somos nosotros, o si en realidad es una característica mutua.


Un caso práctico: 3 momentos en los que Mar de plástico no se tomó en serio a si misma

I. ¿Yo? Yo paseaba por los matorrales, ¿y tú?

En primerísimo lugar, dejemos de lado por un momento que la inteligencia de Lucas está en duda en el mismo momento en el que decide que podrá “entrar en el cuartel de la Guardia Civil para rescatar a Fara (su churri) a punta de pistola”.

En vez de eso, pongamos en duda la inteligencia de quien quiera que haya decidido que el chaval, en su inocente planificación, decida esconderse detrás de una discreta hoja de palmera, junto a unos matorrales por los que paseaba casualmente su amigo Salva, el guardia civil.

Pero si seguimos avanzando, lo cierto es que también tenemos que agradecer a la inteligencia de otro ser humano, que Mar, la amiga, salga corriendo del cuartel, porque así es como sale uno de un sitio así. Y aún en su carrera se siente sorprendida de encontrarse a su amigo Lucas. “Joder que bien que estas aquí”, dijo la dulce secundaria en un casual giro de los acontecimientos que la sitúa saliendo a la carrera de un cuartel de la Guardia Civil ¿Deus ex machina? ¿Alguien?

II. El anónimo de las trescientas hectáreas

Siento que la maestría suprema de esta secuencia no se encuentre en Youtube, de verdad, pero adjuntaré unas capturas preciosas para que ilustréis en vuestra mente la excepcionalidad verosímil de la situación. Así es cómo avanza una investigación. HBO, toma nota:

Paso número 1 – Un anónimo casual (mis apuestas están en que fue el guionista), con la voz distorsionada, llama al cuartel y pide hablar con el sargento. Y hasta aquí, nadie se extraña. “Dice que ha visto a alguien arrastrando lo que parece ser un cuerpo junto a la balsa de riego de Juan Rueda”.

Paso número 2 – Al llegar a nuestro destino, damos exactamente 19 pasos (los he contado) “¿Esto es una broma? Aquí no hay nada ¿Nos vamos?” [Adjuntar Imagen 1] Porque en los trescientos millones de hectáreas que mis ojos alcanzan a ver, te digo yo que no hay nada en este desolado paraje desértico. Nada. Nothing. Ni una pista. He andado diecinueve pasos. Podemos volver.

Paso número 3 – ¡Espera!,… que aquí, a 4 metros de donde he dejado el coche, creo que hay un perro que olfatea algo que sospecho será una pista crucial [Adjuntar imagen 2]

Paso número 4 – Y en nuestro momento culmen como investigadores, encontramos una bolsa con medio cadáver, que con mucho tiento y cuidado depositamos suavemente sobre unos tablones de madera que nada harán por empeorar el estado de un cuerpo en descomposición, que por cierto, bahh, no huele tan mal.

 CONTINUACIÓN » ¿Y quién necesita a la científica teniendo una flor en el culo en medio del desierto?

Paso número 5 – La científica no ha encontrado nada, en sus propias palabras “es como si hubiera llegado volando”. Pero yo no me doy por vencido, entrecierro los ojos y mira si tengo que ser bueno que doy dos pasos y ya encuentro más que toda la unidad científica destinada al rastreo de estas trescientas hectáreas.

Paso número 6 – Un móvil. Es más, ¡el móvil del asesino! Tengo que decir algo ¿Qué diré?… “Ya te tengo hijo de puta” Huyamos de aquí despavoridamente, que tengo el móvil del asesino, que estaba junto a un matorral que sólo yo he visto, porque solo los asesinos dejan sus móviles tirados junto a cadáveres en descomposición debajo de tablones de madera. Y eso es así.

III. Mi memoria fotográfica gana a tus ovejas

Podéis obviar el comienzo del clip, es un claro ejemplo de lo denigrante del diálogo medio de esta serie. “Vámonos, aún no me has dicho donde nos vamos a ir”, “Porque tu no vienes” (Y aquí, arrojas su maleta justo ahí, de un modo muy dramático-teatral).

También podéis obviar una de las mejores persecuciones que nos ha brindado la realización española. Ojo a cómo finaliza. Ojo al plano de la rueda frenando en seco. Ojo a las caras de Héctor y Lola. Ojo a “las putas ovejas, manda huevos”. Y ahora, ya que estamos, “¿qué cojones hacemos?”. Nada, démonos una vuelta por aquí a pie, y dejemos que nuestro principal sospechoso de asesinato huya.

Porque total “Eric no es el asesino”. Mira por qué lo sé:

¡ES UNA MONTAÑA! ¿NO LO VÉIS? ¡UNA MONTAÑA!

A ver, que sé que los planos son confusos y pasan demasiado rápido para recrearnos en el dramatismo, aquí os dejo una comparativa para que me digáis, si tenéis narices, que encontráis más de 7 diferencias:

LA COMPARATIVA
El ‘picasso’ de los símiles

Querido/a espectadorcito/a medio/a, le presento el “apasionante thriller” que marcará “un antes y un después” como “una de las mejores series españolas del año”.


2017: En busca de la armonía perdida

Lo cierto, es que aún dentro de lo absurdo y la baja calidad de la serie en términos de guión y forzadas interpretaciones, Mar de plástico sí que tuvo una coherencia tonal, temática y visual que podría ser relevante a la hora de empezar a crear productos con firma propia. Porque si se me preguntase por los defectos generales del producto televisivo español, no podría señalar más que una falta de armonía general que consigue recordarnos que por algo no somos la meca del cine.

Un ejemplo de esto, sería para mí la reciente Vis a Vis, de la que, como dije, vi la friolera de un capítulo entero. Obviamente, que se vendiese como “la Orange is the new Black española” no le hizo ningún favor en absoluto. Después de todo, la producción de Netflix no solo fue uno de los mayores éxitos de la plataforma cuando aún estaba peleando por hacerse un nombre, sino que además, tiene un tono tan difuso, saltando entre comedia y drama, que tiene desconcertada hasta a la Academia, que nunca tuvo muy claro en qué categoría de los Emmy meterla a concurso.

Por bien que se enfocase Vis a Vis, las reminiscencias a la serie estadounidense no le iban a ayudar en absoluto. En un visionado superficial, cualquiera interpretaría que la producción española dejó rápidamente atrás la parte más cómica de su referente, y fue en busca de la tonalidad más dramática que puede implicar que una joven frágil e inocente ingrese en la cárcel y deje atrás su vida acomodada. El problema surge cuando, con unos referentes que ponen muy altas las expectativas, unas promociones que no hacen más que dejar caer flores sobre tu cabeza, y una crítica que besa allá por donde pisas, vas y fallas estrepitosamente.

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¿Netflix quién? Nosotros somos perfectamente capaces de crear contenido propio claramente diferenciado e inédito

No sabría señalar el punto claro en el que Vis a Vis denota esa falta de talento alarmante que convierte a un aspirante a estrella revelación en un pretencioso farandulero con muy buena presencia. Puede ser cosa mía, o puede que vosotros, como yo, situéis en algún lugar intermedio entre la actuación exagerada, la guionización estereotipada y la dirección teatral de esta secuencia, un punto de fuga en el que perderos… para terminar reencontrándoos delante del sofá ante un sketch de drama carcelario. Un espectáculo que sólo os da ganas de que lleguen los siguientes anuncios, para poder recoger vuestros cuchillos e iros.


Guión, actuación, dirección… pero los hilos se mueven desde arriba

Pero la ficción televisiva española tiene muchos más problemas y sería injusto reducir esta crisis a la calidad final del producto. Este debacle no se debe solamente a un modelo que pone en tela de juicio la honestidad crítica, ni a la repentina pérdida de interés de una audiencia aparentemente más interesada en un horario propio lejos de la esclavización que supone una programación de prime time que incluye por cada hora de contenido propio, 20 minutos de anuncios. No, la ficción en España lleva mucho tiempo arrastrando problemas mayores.

El más relevante es el que se deduce del concepto de prime time que las cadenas han intentado implantar durante años. La programación televisiva norteamericana estándar divide la noche en tres franjas horarias: 8/9/10, lo que aquí podríamos identificar con nuestras 9/10/11, y a grandes rasgos asocia a cada una de éstas, con religiosa puntualidad, un producto de 42 minutos de duración y 18 minutos de anuncios (mucho más fracturados que el mazacote de doscientos millones de anuncios seguidos que nos comemos nosotros).

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No me entendáis mal, en USA también hay series malas, solo que ellos no tienen que aguantarlas más de una hora

Las cadenas españolas, por su parte, exigen productos de hora y media para poder cubrir con uno solo toda la franja de prime time, lo que, al añadirle los anuncios y la puntualidad española por excelencia, acaba traduciéndose en dos horas y media de ficción que termina en una madrugada bastante avanzada.

El primer inconveniente que genera esta estructura, al margen del cansancio mañanero posterior, es que a un guionista de televisión se le exige crear arcos narrativos que mantengan a un espectador pegado a su sofá durante al menos hora y media. Aquí es donde se insertan las tramas de relleno, véase, los niños inútiles en series de misterio, o las historias de romances imposibles con secundarios irrelevantes. Sería mucho suponer que la dirección de la cadena exige al guionista, además, una línea argumental para cada target de interés, así que no lo voy a hacer (no tengáis en cuenta este último comentario, supongamos que las tramas adulto/adolescente/niño son decisiones soberanas de guionistas autónomos).


Netflix: ¿el rayo de esperanza o el dedo acusador?

Así que, si me preguntasen dónde veo yo esa crisis televisiva, señalaría la bajada de la audiencia y la ausencia de ficciones de larga duración. Y si una vez aceptado mi razonamiento, me preguntasen cómo veo yo que Las chicas del cable puede tener algo que decir en toda esta situación, apuntaría a cómo su éxito puede terminar revelando toda la problemática que esconde el negocio televisivo en España.

La serie de Netflix podría exponer la idea de que, en realidad, el principal enemigo para las producciones españolas son las propias cadenas de televisión: sus exigencias en términos de target, su necesidad de cubrir un prime time de duración considerable, y la falta de un sistema sano de autocrítica capaz de mejorar la calidad del resultado final.

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No voy a mentiros, a mí me huele a feminismo

Las chicas del cable será expuesta a las mismas exigencias que el público español le dedicaría a una segunda temporada de Allí abajo, La embajada, o Pulsaciones, pero lo hará heredando de la plataforma estadounidense un modelo mucho más honesto, flexible y adaptado a los tiempos que corren. Después de todo, es tiempo de video bajo demanda, y la audiencia española está demandando un cambio.

 

 

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