Los méritos y limitaciones de Castlevania (2017)

Castlevania ha llegado a Netflix, y parece que para quedarse. No conocemos las cifras, pero la serie ha obtenido una acogida lo suficientemente exitosa como para que la empresa norteamericana haya anunciado ya la segunda temporada, que se estrenará en 2018.

Adaptación de una de las sagas de videojuegos más antiguas y veneradas del mundo, Castlevania parece haber conseguido la insólita hazaña de encandilar tanto a los leales fans de la franquicia como a aquellos que no conocían la existencia de tal saga. Mientras esperamos la llegada de la prometida segunda parte, creo que es buena idea considerar los méritos, que son muchos, y las limitaciones, que tampoco faltan, de esta primera temporada.

Sinopsis

Para aquellos que no la hayan visto, tanto los juegos como la serie de Castlevania encuentran sus cimientos narrativos en el la famosa novela de Bram Stoker, Drácula, y sus cimientos estéticos en las innumerables adaptaciones que esta obra ha tenido en cine, televisión, comics… En esta ocasión, tras varias décadas viviendo en paz y armonía, la sombra del vampiro vuelve a cernirse sobre la región de Wallachia después de que la Iglesia queme a su esposa acusándola de bruja. El territorio se ve entonces invadido por hordas de criaturas infernales que avanzan de poblado en poblado, dejando a su paso un rastro de muerte y terror. Trevor Belmont, vagabundo sin rumbo y último superviviente de una larga estirpe de cazavampiros, se convertirá en la última esperanza de los wallachianos.

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Trevor es un pasota resentido. Pero acabas cogiéndole cariño.

“R-Rated as fuck”

Uno de los grandes méritos de Castlevania es la inclusión de violencia, sangre y palabrotas en su narrativa. Sí, lo sé, no son precisamente las características más útiles para contar una buena historia, pero tengo mis motivos para alegrarme de escuchar a un personaje animado como Trevor decir “mierda”.

La animación ha demostrado desde su nacimiento un inmenso poder para contar historias de todo tipo, pero parece que en occidente la industria audiovisual está interesada en tan solo dos variantes narrativas. La más dominante es la animación dirigida al público infantil, en la que cohabitan unas cuantas obras maestras (Toy Story) con algunas de las más terribles estrategias de marketig para vender juguetes (Toy Story 2). La otra variante parece más consistente en su calidad, y es la compuesta por series como Los Simpson, Rick y Morty, South Park Series que tratan temas más adultos, satirizando estilos de vida modernos y utilizando muchas veces el aspecto animado como una forma de subversión, una manera de decir “¡Eh! Estamos hablando de cosas adultas en una serie de dibujos ¡Qué subversivos somos! ¿A que sí?”.

No me malinterpretéis, me gustan muchas de las obras pertenecientes a estas dos variantes, pero me parece una pena que la animación tenga que utilizarse exclusivamente o bien como producto educacional y de distracción para niños o como obra de subversión de ese valor infantil. Me parece una visión muy cerrada del medio, un desperdicio de oportunidades. Y sí, existen películas como Anomalisa, The Congress o Persépolis (menos mal), pero no dejan de ser proyectos independientes y puntuales que no reflejan la tendencia comercial y mayoritaria.

Por eso cuando el productor de Castlevania, Adi Shankar, dijo en una entrevista que la serie estaría “R-rated as fuck”, me llevé una alegría. Efectivamente, este no es un producto para niños y lo mejor es que no necesita justificar su violencia y palabrotas con la excusa de la subversión. Castlevania es una serie animada de aventuras, con diseños semi-realistas y un montón de sangre, algo que no debería sorprender tratándose de una historia de vampiros, y que sin embargo constituye un producto insólito, casi un acto de valentía, dentro de un panorama audiovisual tan cerrado de miras.

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Lo importante es el camino

Dejando al margen esta transgresión de las normas de la industria, Castlevania es una historia de personajes arquetípicos, narrada de una forma bastante tradicional. Lo que viene siendo lo opuesto a transgresor.

La historia de un alma errante (Trevor Belmont). Que encuentra a una serie de personajes. Que lo convencen para salvar al mundo de una amenaza superior (Drácula). Porque a pesar de su actitud pasota es un buen tipo. Lo cual deriva en múltiples aventuras y desventuras. Que tendrá que superar aprendiendo a colaborar con una chica. Con la que al principio no se lleva bien. Pero que seguramente acabe siendo su love interest. Creo que ya la hemos visto todos en alguna parte… ¿no?

Sí.

Sin embargo, a pesar de lo predecible que pueda ser la historia, Warren Ellis (guionista) desarrolla a sus personajes con el suficiente esmero y cariño como para que cada uno pueda despertar alguna emoción en el espectador. Y eso es lo mejor que sucede en Castlevania a nivel narrativo, que ya te hueles desde el principio hacia dónde se dirigen las cosas, pero por lo menos puedes disfrutar del viaje hasta allí acompañado de un variopinto e interesante grupo de personajes. Este interés, se ve además reforzado por un contexto muy logrado, en el que la fe es utilizada por la Iglesia para cegar a un pueblo que teme al diferente y confunde cualquier muestra de diversidad como obra del demonio.

Los apartados visual y sonoro entran en juego para respaldar y extender la potencia de este universo narrativo, aunque lo hacen de forma parcial y no siempre óptima. El diseño de personajes, a medio camino entre el cómic norteamericano y el anime japonés, otorga a cada protagonista una apariencia única que ayuda a definir su personalidad sin llegar a resultar demasiado obvio. No obstante, en cuanto estos personajes se empiezan a mover, aparecen las primeras señales de que estamos ante una producción con ciertas limitaciones.

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Las escenas de lucha son las más pulidas a nivel de animación.

Jugando sobre seguro

La mayor parte de ese dinamismo y estilo que lucen los diseños en estático, se desmorona a menudo con la animación, extremadamente rígida la mayor parte del tiempo. Algunos escenarios tienen además ciertos problemas de perspectiva, que rompen la ilusión de lugar, despegando a los personajes del entorno en que se encuentran. El sonido tampoco se libra, no sé si por problemas de posproducción, mezcla y/o de dirección de doblaje, pero algunas voces suenan demasiado bajas o inexpresivas. La música también se adivina un poco innecesaria en algunos momentos, apareciendo a veces más por no dejar la escena en silencio que por otra cosa.

Son pequeños detalles, que no logran desvirtuar el conjunto de la serie, pero que sí dañan un poco su empaque general. No es nada raro que aparezcan estos defectos, es algo que suele suceder en las animaciones seriadas, en las cuales es habitual que se produzcan valles y picos de calidad dentro de cada capítulo. En el caso de Castlevania, que conste, hay picos muy altos. Sonido, música, diseño de escenarios y (especialmente) animación, se alían en varias ocasiones para lograr momentos memorables, creando algunas escenas para el recuerdo (lo cual, por otro lado, hace que sus valles de calidad sean todavía más evidentes).

Pero no puedo quitarme de la cabeza que los defectos en esta producción proceden de un lugar diferente al habitual. La longitud de la primera temporada es una gran pista, solo cuatro capítulos, de veinte minutos cada uno, un poco escaso ¿no? Mmm… Mis sospechas se agudizan. Sí a eso sumamos lo transgresor del proyecto como producto audiovisual, y que es la adaptación de una saga de videojuegos, con lo exigentes que son sus bases de fans y los malos resultados que ha dado la relación videojuegos-cine/tv en el pasado… Creo que podemos empezar a ver que esta era una apuesta demasiado arriesgada como para que Netflix se jugara todas sus fichas.

Mi deducción es que la primera temporada de Castlevania fue un globo sonda, un tanteo, para ver cómo respondía el público. Mi esperanza es que, ahora que la compañía americana ya ha visto el éxito de estos cuatro capítulos, se pueda acompañar lo arriesgado de la apuesta con unas cuantas fichas más. El anuncio de que la segunda temporada constará de ocho capítulos ya es un buen indicativo, pero habrá que esperar a 2018 para comprobar si la calidad de la serie se consolida y gana consistencia en su parcela técnica, o si Netflix prefiere seguir jugando “sobre seguro”.

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En resumen

Castlevania, una serie arriesgada, imperfecta, tradicional y “R-rated as fuck” que puede dar mucho, si Netflix se lo permite. En cuanto a la pregunta que hacía en el último artículo ¿Es Castlevania el faro que debería servir como referencia para futuras adaptaciones de videojuegos? Pues sí. Aunque, di tú que cuando los referentes más exitosos dentro de tu categoría son películas como Tomb Raider (2001) o Warcraft (2016), tampoco es que lo tengas muy difícil para marcar la diferencia. Pero la cosa promete, Castlevania tiene aristas que pulir, pero tiene una segunda temporada por delante y a un equipo creativo capaz de elevar a esta serie al siguiente nivel.

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Un comentario en “Los méritos y limitaciones de Castlevania (2017)

  1. No he jugado a los videojuegos de Castlevania, pero me parece que aun así puede ser interesante ver esta miniserie. Me atrae su ambientación y el hecho de que haya tenido suficiente éxito como para tener continuación (no me apetece empezar una serie cuya historia se quede a la mitad), y quien sabe, quizá el LÉMUR LIBIDINOSO haga un hueco en su apretada agenda para verla conmigo 😉

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